Dos años sin Nasrala: Hizbulá afronta una nueva etapa entre la supervivencia y el desarme
Dos años después de la muerte de Hasán Nasrala, el grupo chií Hizbulá sigue siendo un actor importante en el Líbano, pero el movimiento que ahora encabeza Naim Qassem poco tiene que ver con el que durante décadas construyó su histórico líder: ha perdido capacidad militar y proyección regional, mientras afronta una creciente presión para su desarme.
El que fuera secretario general del grupo durante más de tres décadas murió asesinado el 27 de septiembre de 2024 en un bombardeo israelí en las afueras de Beirut, una pérdida que, junto al duro golpe de la guerra de ese año que diezmó su estructura militar y de mando, obligó a Hizbulá a reorganizarse y abrió una nueva etapa en el grupo.
Tras su muerte, y el posterior asesinato de Hashem Safi al Din -el que iba a ser su sucesor-, el grupo eligió el 29 de octubre de 2024 a Naim Qassem como nuevo secretario general.
Sin embargo, el relevo no ha conseguido reproducir el peso político y simbólico.
Para Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en el Líbano y Siria, "poco queda" de Hizbulá en términos de la imagen y "el carisma" que proyectaba Nasrala.
Gutiérrez afirma a EFE que la pérdida de Nasrala "ha influido notablemente", no solo en la estructura del grupo y su implicación en la sociedad libanesa, sino también en su capacidad política, al perder a "un gran político y mediador", lo que, a su juicio, ha limitado su capacidad de "interrelacionarse y actuar con otros grupos políticos".
Más débil pero todavía arraigado
Desde 2023, Hizbulá ha ido perdiendo sus capacidades militares y de disuasión por las operaciones israelíes, sobre todo en 2024, cuando el Ejército israelí asesinó a sus líderes políticos y militares claves, además de dañar su arsenal.
Nasser Khdour, politólogo y analista de Armed Conflict Location y Event Data Project (ACLED), señala a EFE que la "guerra de marzo de 2023 demostró que Hizbulá se había adaptado, a pesar de sus capacidades mermadas, la interrupción de su mando y control y la pérdida de altos dirigentes".
"El grupo ahora depende menos de grandes sistemas de cohetes y lanzamientos masivos, y más de emplazamientos de lanzamiento dispersos, sistemas de menor tamaño, drones FPV y drones de ataque", revela Khdour.
Este cambio de estrategia, añade, "refleja el debilitamiento de las capacidades militares y de la posición política en el Líbano".
La pérdida militar no se ha traducido en la desaparición de Hizbulá, que conserva una importante base en sus principales zonas de influencia y mantiene redes políticas, económicas y sociales construidas durante décadas.
Sin embargo, Karim Safieddine, investigador y analista en Tahrir Institute for Middle East Policy (TIMEP), apunta a un cambio en su relación con la comunidad chií.
"La estructura popular de Hizbulá está planteando muchísimas preguntas sobre cuestiones relacionadas con la seguridad y con los servicios" que recibían anteriormente, mientras crecen las dudas sobre sus capacidades financieras, destaca Safieddine.
Irán gana peso
El debilitamiento de Hizbulá ha llevado además a una mayor dependencia de Irán.
Para Safieddine, ahora es la Guardia Revolucionaria iraní "la que está tomando el control" del grupo, lo que, a su juicio, "significa que la estructura interna de Hizbulá ha pasado a estar directamente en manos de Irán".
En la misma línea, Khdour resalta que el grupo "se está reorganizando y reconstruyendo, y todavía es capaz de operar", pero "necesita el apoyo continuo de Irán para mantener su base, reclutar combatientes y sostener los servicios civiles que le ayudan a conservar el apoyo local".
El desarme, mucho más que las armas
La presión del Estado libanés para recuperar el monopolio de las armas, como parte del acuerdo marco entre el Líbano e Israel, y exigir a Hizbulá la entrega de su arsenal es una línea roja para el grupo y lo coloca ante uno de los mayores desafíos de esta nueva etapa.
Gutiérrez asegura que el nuevo Gobierno libanés no ha conseguido hasta ahora avanzar en el desarme porque la sociedad libanesa está fragmentada "según criterios confesionales" y la comunidad chií mantiene "una gran capacidad de apoyo y de resistencia".
Para el académico, el desarme "es inviable" para Hizbulá sin una retirada completa de Israel del sur del Líbano y garantías internacionales frente a futuras agresiones, que sin ellas podría acabar con "una guerra civil o una mayor intervención israelí".
Safieddine, en cambio, sostiene que "hoy existe la posibilidad de desarmar a Hizbulá", afirmando que algunos analistas ya exponen que sea con "cambios constitucionales, en la estructura del Estado y en la gestión del Ejército".
También apunta a posibles cambios en la Administración local o favorecer algún acuerdo con el grupo, pero insiste en que este no sería suficiente y es "necesario pensar seriamente en cómo ejercer presión sin que esa presión vuelva a generar tensiones".
"Pero, por supuesto, Hizbulá continuará haciendo campaña contra el Estado, porque ahora necesita reforzar el sentimiento de cohesión chií. Este es también un desafío importante", zanja.
Khadija Bousmaha
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