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Drones, IA y la experiencia aborigen: así se prepara Australia para la etapa de incendios
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Ciencia 📖 4 min de lectura

Drones, IA y la experiencia aborigen: así se prepara Australia para la etapa de incendios

EFE (Internacional)
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Mientras Europa atraviesa una difícil temporada de incendios, Australia dedica su invierno a prepararse para un verano que también podría ser especialmente severo, combinando satélites, inteligencia artificial (IA) y drones con el conocimiento ancestral de las comunidades aborígenes para anticiparse al fuego.

"Es este tiempo de calma el que tienes que usar al máximo", explica a EFE Marta Yebra, investigadora española de la Universidad Nacional de Australia (ANU) y directora del Centro de Excelencia para la Investigación de Incendios Forestales, creado tras el devastador "verano negro" de 2019-2020, la peor temporada de incendios del país.

La advertencia de la experta, que lleva más de una década desarrollando estrategias contra los incendios forestales, llega en pleno invierno austral, cuando Australia mira hacia un verano en el que AFAC, el organismo que agrupa a los servicios de bomberos y emergencias, señala un riesgo de incendios superior al habitual en todas las regiones.

La Oficina de Meteorología australiana (BOM) prevé además temperaturas por encima de la media al sur de los trópicos y precipitaciones inferiores a lo normal en distintas zonas del sur y este, mientras el país atraviesa un episodio de El Niño, que suele favorecer condiciones más secas.

Detección temprana

Para Yebra, la preparación no consiste únicamente en acumular aviones, helicópteros o efectivos para el verano. "Se sigue invirtiendo muy poco en prevención y detección temprana", afirma.

La científica española trabaja precisamente en esa fase inicial mediante satélites, sensores, IA y drones. Su equipo estudia, entre otros factores, la humedad del combustible vegetal para determinar dónde existe mayor probabilidad de que un incendio prospere y combina esos datos con información atmosférica y de rayos.

El objetivo es especialmente importante en un país de enormes extensiones despobladas, donde los rayos pueden provocar incendios que nadie detecta durante horas. Durante el "verano negro" australiano, las igniciones provocadas por rayos fueron poco numerosas en comparación con las de origen humano, pero llegaron a representar más del 70 % de la superficie quemada, según Yebra.

Aquella temporada dejó más de diez millones de hectáreas quemadas y unos 3.000 hogares destruidos en todo el país, además de un grave impacto sanitario provocado por el humo.

Tradición aborigen

La estrategia australiana combina tecnología con una tradición mucho más antigua: un sistema utilizado por comunidades aborígenes durante milenios a través de "quemas culturales" para reducir el combustible vegetal y mantener paisajes adaptados al fuego, una práctica que posteriormente dio paso, en muchos lugares, a las quemas prescritas.

"Los aborígenes lo han hecho muy bien siempre. Ellos queman observando lo que ese paisaje necesita en un determinado momento", explica.

A su juicio, el manejo del fuego debe adaptarse a las características de cada ecosistema y a las condiciones concretas del territorio, ya que incluso las quemas prescritas pueden perder eficacia cuando coinciden con condiciones meteorológicas y de sequía extremas.

Ahí aparece uno de los principales paralelismos con España y Europa, donde los incendios de los últimos años han reabierto el debate sobre el abandono rural y la acumulación de combustible. Europa vive una temporada especialmente grave este verano, con cientos de miles de hectáreas quemadas y grandes incendios alimentados por el calor y la sequía.

La diferencia, según Yebra, está también en la experiencia acumulada, ya que Australia lleva décadas conviviendo con incendios de gran intensidad y ha desarrollado una cultura de preparación que ahora intenta trasladar a nuevas tecnologías.

Prepararse para el verano

Por eso su equipo quiere aprovechar precisamente el invierno para probar drones en condiciones operativas reales durante la próxima temporada, con la idea de enviarlos tras las tormentas eléctricas a los puntos donde los modelos indiquen una mayor probabilidad de ignición.

"Es ahora cuando estamos conversando con los gestores de incendios", señala Yebra, que considera el invierno una ventana clave para preparar la próxima temporada y coordinar a científicos, tecnólogos y servicios de emergencia antes de que llegue el periodo de mayor riesgo.

El objetivo es pasar de reaccionar al fuego a anticiparlo. Para la investigadora, esa es también la principal lección que Australia puede ofrecer: invertir más antes de que aparezcan las llamas, mejorar la información sobre el combustible y combinar prevención, tecnología, gestión del territorio y educación.

"Claramente tiene que haber una mayor atención a la prevención y a la gestión temprana de incendios", resume Yebra. "Si prevenimos y actuamos antes de que los fuegos lleguen a cierto nivel, los recursos que tenemos actualmente deben ser suficientes".

Edurne Moroillo

#EFE Internacional
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