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El estilo de aprendizaje predice las habilidades de supervivencia de los orangutanes
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Ciencia 📖 4 min de lectura

El estilo de aprendizaje predice las habilidades de supervivencia de los orangutanes

EFE (Internacional)
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Las crías de orangután permanecen junto a sus madres más de ocho años, tiempo en el que combinan el aprendizaje social, principalmente observándolas, con el individual, aunque el primero tiene más peso a la hora de lograr las habilidades necesarias para la supervivencia.

El alcance del legado cultural que se transmite de la madre a la cría durante el tiempo que pasan juntas es sustancialmente mayor de lo que se había apreciado hasta ahora en cualquier animal no humano, según un estudio que publica Science.

Investigadores del Instituto Max Planck (Alemania) y de la Universidad de Saint Andrews (Reino Unido) han comprobado que la cantidad de conocimientos que adquiere un orangután salvaje a lo largo de su prolongado desarrollo juvenil depende de su estilo de aprendizaje, tanto a nivel social como individual.

Las crías de orangután difieren entre sí en la frecuencia con la que participan en ambos tipos de interacciones y cómo lo hagan predice el desarrollo de habilidades, por ejemplo, en cuántos alimentos habrán aprendido a identificar y consumir cuando se independicen.

El artículo analizó los datos de 21 orangutanes, desde su nacimiento hasta la independencia (unos 8,5 años), a través de 4.700 horas de observación en Sumatra.

El equipo examinó tres comportamientos clave. El primero era cuándo los orangutanes observaban atentamente a su madre y a otros ejemplares cercanos mediante un comportamiento denominado 'mirar fijamente' (un indicador conductual del aprendizaje social).

El segundo se centraba en cuándo exploraban diferentes elementos de su hábitat (un indicador del aprendizaje individual) y, por último, qué alimentos lograban comer sin la ayuda de sus madres (una medida de la competencia ecológica).

Para desenvolverse bien como orangutanes independientes, las crías necesitan aprender muchas habilidades de supervivencia y las más importantes están relacionadas con la alimentación.

La dieta de un orangután adulto se compone de casi 250 alimentos, que elige entre miles de opciones, algunas potencialmente tóxicas, en la selva tropical. Además, debe aprender cómo procesar los alimentos, en ocasiones valiéndose de herramientas simples, y cuándo y dónde se pueden encontrar.

A los investigadores les sorprendió lo diferentes que eran unas crías de otras en cuanto a sus tendencias de aprendizaje, pero a pesar de esa variaciones vieron que recurrían con más frecuencia al de tipo social (una media de cinco veces más).

Aprender únicamente a través de la exploración individual puede ser arriesgado para un orangután sin experiencia, especialmente para los inmaduros que aún están creciendo y no pueden permitirse perder oportunidades de alimentarse, indicó la investigadora Revathe Thillaikumar, del Max Planck y una de las firmantes del artículo.

Por eso, la opción más segura puede ser observar y aprender de modelos a seguir con experiencia, como sus madres.

Cuando las crías participaban en el aprendizaje social, se desencadenaba una exploración posterior que podía durar hasta dos horas y media.

El aprendizaje social y el individual funcionan de forma conjunta durante el desarrollo y las crías con altos índices de ambas formas acababan teniendo los perfiles alimentarios más amplios al alcanzar la independencia.

Por el contrario, cuando ambas formas de aprendizaje eran escasas, los individuos acababan teniendo la menor amplitud alimentaria, con una diferencia de tres veces entre los niveles altos y bajos de aprendizaje de ambas formas.

Un mayor aprendizaje social podía incluso compensar parcialmente un bajo aprendizaje individual al mejorar la variedad de la dieta, demostrando "lo importante que es en la vida de los grandes simios", agregó Thillaikumar.

Los resultados demuestran que se trata de algo más que el simple aprendizaje social o individual. Es la interacción de complejos mecanismos "que han impulsado el desarrollo de una competencia cultural amplia y de gran relevancia para la supervivencia en uno de nuestros parientes vivos más cercanos en estado salvaje".

Así lo apuntó la investigadora Caroline Schuppli, del Max Planck, para quien esto revela que "el sofisticado aprendizaje cultural que se observa en los seres humanos puede tener profundas raíces evolutivas".

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