Las tecnológicas aceleran su gasto en IA mientras crecen las dudas sobre su rentabilidad
Las principales empresas del sector tecnológico han incrementado sus gastos de capital (capex) con el fin de satisfacer la creciente demanda de inteligencia artificial (IA), una situación que ha sembrado dudas sobre la rentabilidad de esta tecnología y que ha perjudicado a las acciones de estas compañías.
Después de que algunos titanes tecnológicos publicaran en las últimas semanas sus resultados trimestrales, el banco de inversión UBS elevó sus previsiones agregadas de inversión de capital en IA a un billón de dólares en 2026, a 1,4 billones en 2027 y a 1,5 billones en 2028.
Pese a que la demanda de IA sigue siendo sólida, UBS señala que los operadores dan ahora más importancia "a las preocupaciones relativas a la sobreinversión, la financiación y la canibalización (el riesgo de que los ingresos de la IA sustituyan las ganancias de productos de software tradicionales)".
¿Es la IA rentable?
En las últimas semanas, Intel ha sido una de las compañías más castigadas en Wall Street por sus resultados.
La IA contribuye a la escasez de componentes, "lo que ha impedido a Intel satisfacer plenamente la demanda de los centros de datos" y, a su vez, ha elevado los precios de los ordenadores personales, lo que perjudica su negocio de equipos cliente, destaca UBS.
Por su parte, Alphabet divulgó un flujo de caja libre negativo de 9.065 millones de dólares en el último trimestre atribuido a los crecientes gastos de capital -en los que se engloba la infraestructura de IA-; Amazon informó de una reducción de liquidez por el gasto en IA y Microsoft indicó que su capex creció un 30 % interanual en los últimos tres meses.
Jack Gold, fundador y analista principal de J. Gold Associates, opina que la IA, actualmente, "no es rentable".
El experto explica a EFE que las inversiones de estas empresas "van muy por delante de cualquier escenario actual de recuperación de la inversión y rentabilidad", y apostilla que "muchas están llevando a cabo grandes inversiones que podrían no recuperar, al menos durante varios años".
"Las nuevas instalaciones están financiadas principalmente con deuda. Si las empresas no pueden pagar sus préstamos y reducir su deuda con el flujo de caja generado por la demanda de los clientes, veremos algunas quiebras importantes en los próximos 12 a 24 meses", anticipa.
UBS, sin embargo, resta importancia a esta situación: "Nos preocuparía si observáramos indicios de que el crecimiento de los ingresos de los laboratorios de IA se está desacelerando de forma significativa, si disminuyera el uso de la nube o si la caída de los costes de la IA no lograse estimular suficiente uso nuevo para absorber la capacidad de expansión".
Si bien la amplia inversión en IA también responde a la urgencia corporativa de "mantenerse a la vanguardia", especialmente entre los proveedores de infraestructura en la nube, "la mayor parte de la demanda es real, y, en el caso de las grandes empresas, apenas está empezando", explica a EFE Bob O'Donnell, presidente y analista jefe de TECHanalysis Research.
O'Donnell también describe como "otro problema de gran magnitud" las necesidades energéticas de los centros de datos y la capacidad de las redes eléctricas para soportar esa demanda.
El cambio de panorama tras la victoria demócrata
La amplia victoria de los demócratas en las elecciones de medio mandato plantea dudas sobre el futuro de los centros de datos, pues el partido mantiene una postura muy crítica con estas instalaciones, en contraposición a la visión desregulatoria del presidente Donald Trump.
El jueves, dos días después de los comicios, las 'Siete magníficas', las empresas de tecnología más grandes de Estados Unidos, perdieron conjuntamente más de 1 billón de dólares en la peor jornada registrada en Wall Street desde abril de 2025.
Las acciones relacionadas con el sector de la IA, sobre todo las vinculadas a la parte de infraestructuras, chips y centros de datos, fueron las grandes perdedoras de la jornada.
"La gran pregunta ahora es qué barreras políticas o regulatorias podrían ralentizar el despliegue de los nuevos centros de datos a los que están destinados los chips y las inversiones de capital de las empresas", afirma O'Donnell.
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