Los nuevos chalecos amarillos: la gran incógnita en la Francia de todos los descontentos
Los chalecos amarillos marcaron la historia reciente de las revueltas en Francia. Ocho años después de su estallido, este heterogéneo colectivo intenta resurgir en un momento en el que confluyen en el país diversas reivindicaciones bajo un tenso clima social a menos de seis meses de las elecciones presidenciales.
Después de dos jornadas de movilización -las del 17 y 24 de octubre-, el movimiento, que carece de líderes y mantiene una estructura difusa, prepara este sábado 31 lo que denomina el "III acto" de protestas.
"Nos vamos a sentar delante de todos los ayuntamientos de Francia y frente a la Asamblea Nacional. La meta es prepararnos para una nueva tanda de protestas los días 5, 6 y 7 de noviembre, que incluye una huelga general", explicó a EFE Benjamin Ball, uno de los portavoces de la nueva generación de los chalecos amarillos y creador de la web '17octobregiletjaune.net'.
La Francia de este otoño de 2026 dista de la de 2018. Si hace ocho años los chalecos amarillos (apelativo tomado de las prendas reflectantes obligatorias para los conductores) se organizaron sobre todo en zonas rurales y periurbanas contra el alza del impuesto a los carburantes, la oleada de protestas de este último mes y medio se concentra en las ciudades y ha estado encabezada por los estudiantes de secundaria.
A los alumnos, que levantaron barricadas en centenares de centros educativos para exigir mejores condiciones lectivas, se unieron bomberos, agricultores, sanitarios y profesores, además de otros colectivos golpeados por el encarecimiento del coste de la vida. El papel catalizador de los chalecos amarillos de 2018-2019 ha quedado así diluido.
"Lo que ha cambiado es que no estamos solo centrados en la cuestión del poder adquisitivo; buscamos también que todos tengan dignidad en este mundo, por eso nuestras luchas convergen. El sistema nos aplasta, porque Emmanuel Macron es el estandarte de los millonarios", sostuvo Ball, antes de participar en una asamblea popular en la Bolsa del Trabajo de París para denunciar la reciente muerte de Pengo Bossio Wangi (26 años), presuntamente asesinado en un atentado terrorista por motivos racistas.
Las masivas protestas, que según los convocantes han superado el medio millón de asistentes, han estado salpicadas por acusaciones mutuas de violencia entre policía y manifestantes, y por los disturbios del 17 de octubre, que dañaron al menos 3.000 comercios y culminaron con el incendio del Ayuntamiento de Limoges.
Para Ball, la postura de los chalecos amarillos -asociada en sus orígenes a ciertas proclamas antiinmigración de la ultraderecha- "es hoy la del pueblo y los oprimidos frente a un presidente que recurre a las fuerzas del orden para mutilarnos y reprimirnos", denunció.
Pese a esgrimir una retórica vinculada a la izquierda y a los movimientos sociales, el portavoz insistió en que "no hay un color político concreto" en la movilización de los chalecos amarillos, sino la defensa de los intereses del 99,99 % de los franceses frente al "monarca Macron".
Para el próximo sábado, el activista, de 42 años y residente en la periferia parisina, adelantó que el trazado previsto en la capital francesa discurrirá entre la plaza de la Bastilla y la de la Concordia.
La marcha requiere aún la autorización de la Prefectura, lo que no será sencillo de lograr. En la última semana, las autoridades han aprobado solo las manifestaciones sindicales y vetado varios itinerarios por considerarlos de alto riesgo, al tiempo que han decretado toques de queda parciales para prevenir los graves disturbios del 17 de octubre.
El lema de la convocatoria, respaldada también por los sindicatos y los estudiantes, es evocador del momento que vive el país: 'Por las libertades públicas'.
Antonio Torres del Cerro
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