Puerta del Principe para la naturalidad clásica y el pausado ritmo de Pablo Aguado
Paco Aguado
Sevilla, 16 sept (EFE).- El diestro sevillano Pablo Aguado salió este sábado por la preciada Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla después de cortar tres orejas por sendas faenas en las que puso de pie a los tendidos con el pausado ritmo y la clásica naturalidad, en lo fundamental y en los adornos, con que lidió a su lote de una buena corrida de Jandilla.
Igual que sucediera en la feria de Abril de hace siete años, cuando salió lanzado con otro encierro de este mismo hierro, Aguado marcó las diferencias con sus compañeros de cartel, básicamente por la sinceridad y el temple con que cuajó a esos dos toros, en faenas envueltas en ese viejo aroma sevillano del toreo que él también ha resucitado.
Las dos primeras orejas se las cortó al tercero, que rompió a embestir con la precisa brega de Iván García y cuando, ya con la muleta, el sevillano comenzó a llevarlo mecido en los vuelos de la tela, hasta que, mediado el trasteo, aunque el animal perdía algo de celo, llegaron así los momentos más redondos.
Dos preciosos remates, con un pase de la firma y un molinete recreados en su lentitud, pusieron al público en pie de cara a un final clamoroso, con la misma pausa hasta en los pases circulares, los de pecho y otros muchos adornos de sabor añejo y un cierre por ayudados por alto y por bajo, incluso con una rodilla en tierra, también al ralentí.
Vibró Sevilla con el toreo en que se siente reflejada, y más aún tras la estocada y la muerte de bravo del de Jandilla, en los mismos medios de la plaza, para que se pidieran con mucha fuerza esas dos orejas que acabó concediendo la presidencia.
Y una más, la que abría la otra hoja de la Puerta del Príncipe hacia el paseo de Colón, le pidieron y le dieron a Aguado del sexto, aun a pesar de que el toro tardó en caer por una estocada atravesada y tres fallidos intentos con el descabello del sevillano. Solo que hasta entonces el público había vuelto a vibrar con una faena aún más redonda que la anterior.
Esta vez, tras un buen saludo a la verónica, y dos soberbios pares de banderillas también de Iván García, el clamor llegó desde el principio, al sacarse al toro al tercio con otros saboreados adornos y un eterno pase de pecho a un cuatreño que parecía que ya empezaba a perder gas.
Aun así, Pablo Aguado apuró todo lo que le quedaba aún de bravura al de Jandilla, midiendo perfectamente, en tiempo y espacio, cada una de las cuatro tandas que le firmó, siempre con un deletreado compás, a derechas o izquierdas, en todo momento con reposo, incluso para dejar escuchar, en un momento mágico, el solo de trompeta de la banda.
Llegó entonces el mazo de pases más macizo y redondo, y también más ayudados de regusto, molinetes, kikirikíes y un abaniqueo que resumían muchos siglos de toreo sevillano. De ahí que, pese a la falta de contundencia con los aceros, Aguado paseara esa tercera oreja que toda la plaza quiso pedirle.
También pasearon sendos trofeos Emilio de Justo y Roca Rey, pero de muy escaso peso por obtenerlos de dos "jandillas" de gran clase y de los que no estuvieron a la altura. Uno de ellos fue el que abrió plaza, que puso en apuros a De Justo, e incluso le propinó un puntazo en la mejilla, en un extraño y poco apropiado saludo con la capa a una mano.
Ya en la muleta, el toro mantuvo una constante nobleza y claridad en unas embestidas que el cacereño no apuró con un toreo más despegado que ajustado, más ligero que sincero, por mucho que se le aplaudiera más por lo que puso el astado en el empeño. Y menos sinceridad tuvo aún con el cuarto, que acabó rajándose de tanto toreo de expulsión en el trazo y de sesgada colocación.
Por su parte, Roca Rey, no llegó a apurar, ni a intentarlo demasiado en un trabajo de escaso compromiso, al segundo, falto también de un punto más gas. Sólo que, para compensarlo, el quinto, de pelo jabonero, derrochó clase en cada una de sus dulces y templadas arrancadas, estas sí claramente desaprovechadas por el peruano.
Y eso que la apertura de faena fue espectacular e intensa, con dos pases cambiados, varios derechazos y hasta una arrucina, todos de rodillas y escalofriantes de ajuste, que parecían avanzar lo que no llegó a suceder, pues Roca nunca lo aprovechó ni lo cuajó en su errático toreo fundamental.
De hecho, como única solución, optó por darse a un arrimón, más hacia el cuello que a los pitones, que, además de esa más que amable petición de oreja tras la estocada, generó también algunos pitos y reproches en un tendido que esta vez vibró con otras formas más auténticas.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de Jandilla, de perfectas y finas hechuras y serias pero armónicas defensas, aun con alguno justo de trapío. En cuanto a juego, dentro de una buena actitud general, destacaron por su brava clase primero y quinto, en contraste con otros de menos duración o fondo.
Emilio de Justo, de verde esmeralda y oro: estocada trasera desprendida (oreja); estocada trasera tendida (ovación).
Roca Rey, de tabaco y oro: estocada caída (silencio); estocada (oreja).
Pablo Aguado, de gris plomo y oro: estocada desprendida (dos orejas); estocada delantera contraria y tres descabellos (oreja tras dos avisos). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.
Entre las cuadrillas, destacó la brega con el tercero de Iván García, quien como Agustín de Espartinas y Fernando Sánchez, también saludó en banderillas.
Tercer festejo de la feria de San Miguel, con "no hay billetes" en las taquillas (12.500 espectadores), en tarde de nubes y claros con un calor asfixiante. EFE
pa/fp
(foto)
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