Argentina se rinde ante Messi: homenajes, lágrimas y un último grito de gol
Un último gol, homenajes dentro y fuera del campo y ovaciones que hicieron retumbar el Monumental acompañaron este martes la despedida de Lionel Messi de la selección argentina, frente a Benín y ante más de 85.000 personas que convirtieron el cierre de sus más de dos décadas con la Albiceleste en una celebración cargada de emoción.
El estadio llevaba más de dos horas lleno cuando Messi apareció sobre el césped para calentar y el público que abarrotaba las gradas se levantó para recibirlo con una de las mayores ovaciones de una noche concebida, desde mucho antes del comienzo del partido, como una dolorosa despedida.
Habían pasado por el escenario Damas Gratis y otras bandas argentinas que tocaron 'Muchachos', 'Vamos, vamos, selección' y otros himnos de la Albiceleste; y las tribunas habían saltado una y otra vez al grito de "el que no salta es un inglés".
Lágrimas y homenajes
En el campo lo esperaban mensajes de agradecimiento -"Gracias por hacernos felices"- y una camiseta gigante con el número 10 en la espalda y una sola palabra en el lugar reservado para el nombre: "Gracias".
Messi ya había llorado antes de pisar el césped. Lo hizo dentro del autobús que trasladó al equipo hasta el Monumental, mientras atravesaba la multitud de aficionados que aguardaba la llegada de la selección y coreaba su nombre.
Junto a él viajaban Rodrigo de Paul, compañero del rosarino en el Inter Miami, y Nicolás Otamendi, zaguero con quien compartió gran parte de su camino en el seleccionado.
En las tribunas estaban la esposa y los hijos de Messi, además de su madre, así como Sergio 'Kun' Agüero y varios futbolistas campeones del mundo con la celeste y blanca en 1978, 1986 y 2022, entre ellos Ángel Di María, histórico socio de la 'Pulga' en el seleccionado.
Messi ingresó al terreno acompañado por sus hijos y, para entonar el himno, quedó ubicado entre el joven Agustín Giay, el único de los once titulares que no integró el plantel campeón del mundo en Catar 2022, y el experimentado portero Emiliano 'Dibu' Martínez.
El himno fue cantado por Fabio Santana, excombatiente argentino en la guerra de 1982 por las Malvinas, que tuvo a su lado la polémica pancarta reivindicatoria de la soberanía sobre las islas exhibida por los futbolistas de la Albiceleste tras el triunfo ante Inglaterra en las semifinales del último Mundial.
Messi mantuvo la mirada fija al frente durante casi toda la interpretación, pero al apagarse los últimos acordes volvió a quebrarse y se secó las lágrimas antes de saludar a sus rivales.
El capitán de Benín se acercó entonces para entregarle una estatuilla y una carta del plantel africano.
Antes del pitido inicial, Messi buscó después a cada uno de sus compañeros para fundirse en un abrazo. Uno de los más largos fue con Cristian 'Cuti' Romero, heredero de la cinta de capitán que 'Leo' llevó durante más de 15 años.
Los homenajes continuaron incluso con el partido ya en marcha. Al cumplirse el minuto 10, el árbitro detuvo el juego y todo el Monumental se puso de pie para ovacionar al hombre que convirtió en propio el 10 que antes había inmortalizado Diego Maradona. Hubo fuegos de artificio y un solo grito repetido desde las gradas: "Messi, Messi, Messi".
El último grito de gol
Tras una primera parte en la que el homenajeado buscó sin éxito el gol en cuatro ocasiones -con remates a distancia e incluso un intento de gol olímpico-, el momento que todo el estadio esperaba llegó en la segunda. Una falta sobre Giay dentro del área terminó con la pelota en el punto de penal y Messi, máximo goleador histórico de Argentina, se hizo cargo.
El capitán convirtió su gol número 126 con la selección y desató otra de las grandes ovaciones de la noche. Sus compañeros corrieron a abrazarlo mientras la multitud volvía a corear su nombre. Era su partido número 208 con Argentina, cifra récord para el futbolista con más presencias y goles en la historia de la Albiceleste.
También hubo tiempo para una última conexión entre dos leyendas de la 'Scaloneta': Otamendi, también en su partido de despedida, marcó con un remate de derecha tras un tiro de esquina de Messi.
El zaguero dejó poco después el campo junto a De Paul y, con el correr de los minutos, fueron entrando varios de los jóvenes que tendrán que asumir el protagonismo en la Argentina sin Messi.
Uno de ellos fue Nicolás Paz, de 22 años y señalado como posible heredero del lugar del ídolo sobre el césped e incluso de su camiseta número 10. El traspaso de testigo pareció por un instante casi literal: promediando la segunda mitad, Messi le entregó la pelota y el joven marcó con un exquisito zurdazo desde fuera del área, uno de esos remates que durante años llevaron la firma del propio rosarino.
El partido entró entonces en su tramo final y, a medida que avanzaba el reloj, las miradas comenzaron a apartarse de la pelota para buscar al número 10. Cada carrera, cada toque y cada gesto podían ser los últimos de Messi con la camiseta argentina.
Y la última jugada fue suya. Messi ejecutó un tiro libre que se marchó desviado y, apenas después, el árbitro se acercó, pidió la pelota y se la entregó al capitán antes de señalar el final del encuentro, que acabó con triunfo argentino por 3-0.
Messi recibió así el balón con el que acababan de terminar sus más de dos décadas con la selección argentina. Las tribunas volvieron a ponerse de pie y su nombre bajó una vez más desde los cuatro costados del estadio.
El "Gracias" de la camiseta desplegada antes del partido terminó convertido en el último mensaje de más de 85.000 almas, y de todo un país, para su máximo ídolo moderno.
Por Pablo Duer
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