Arte y justicia: la lucha de Regina José Galindo y Claudia Paz y Paz frente al olvido
Una mujer deja las marcas de sus pies descalzos con sangre humana camino del Palacio Nacional de Guatemala en rechazo al dictador Efraín Ríos Montt. Es la artista Regina José Galindo durante la 'performance''¿Quién puede borrar las huellas?' (2003). Una década después comenzó el juicio por genocidio a Ríos Montt impulsado por la entonces fiscal general Claudia Paz y Paz.
Hoy, en el marco del festival Centroamérica Cuenta, en Madrid, ambas figuras clave de la historia guatemalteca conversan con EFE sobre el arte, la justicia y la fragilidad de la memoria.
Sus reflexiones llegan apenas unos días después de que la UNESCO anunciara un rescate del Archivo del Programa Nacional de Resarcimiento (PNR) para evitar que los expedientes de las víctimas del conflicto armado en Guatemala se pierdan por el deterioro.
Valor inconmensurable de los archivos
"El valor de ese archivo es inconmensurable. Nosotros empezamos a escribir la verdad a partir de los testimonios de los sobrevivientes", declara Claudia Paz y Paz respecto al arduo proceso con el que Guatemala comenzó a documentar los crímenes.
Para la exfiscal, llevar a los responsables al banquillo fue resultado del esfuerzo incansable de los sobrevivientes, las comunidades y los pueblos indígenas. Esta búsqueda de la verdad tuvo un impacto social profundo, ya que significó "devolverles la ciudadanía a quienes se les había arrebatado", dice.
Paz y Paz recuerda el impacto de esos primeros juicios: "Fue ver la dignidad en las caras de las personas; el que el Estado, por fin las autoridades, se disponen a escuchar y a decir: 'Esto pasó, es cierto, es genocidio y estamos castigando a los principales responsables'".
Además, considera que el esfuerzo de la UNESCO no solo beneficia la memoria histórica guatemalteca, sino que permite reconocer que archivos similares deben existir en toda Centroamérica. "Los que trabajamos en justicia transicional hablamos del derecho a la verdad, y esta es la obligación del Estado también, preservar la memoria", asegura.
Regina José Galindo, que ha dedicado gran parte de su vida a convertir su cuerpo en un territorio de memoria, resistencia y denuncia a través del arte, considera que cuando el Estado "trabaja por desaparecerla", la labor de preservar la memoria recae en los activistas y las víctimas.
"La memoria en los países como Guatemala no se nos da desde el Estado. Es el Estado quien no tiene ningún interés en preservarla", dice.
La cultura, una herramienta de lucha
En ese vacío, la artista ve en la cultura una herramienta de lucha: "El arte por sí solo no tiene ninguna capacidad de generar un cambio social, pero sí tiene la capacidad de generar pensamiento crítico, preguntas e incomodidad", especialmente en "estos momentos en donde el mundo está retrocediendo a pasos acelerados hacia el fascismo y la derecha más radical".
Ante este panorama global, Paz y Paz considera que es un momento crucial para voltear la mirada hacia Centroamérica.
Aunque reconoce que se vive un "momento de enorme retroceso", la exfiscal recuerda que ella presenció "momentos de mucha luz", como la firma de la paz, las exhumaciones y los juicios por genocidio, avances que alguna vez parecieron inalcanzables.
"Creo que todos podemos aprender de la resistencia y de cómo hacemos frente a esas corrientes autoritarias", subraya.
La jurista identifica un desafío apremiante para los defensores de los derechos humanos: "Todavía es un pendiente cómo nos comunicamos mejor". Como ejemplo, advierte cómo las facciones extremistas fabrican narrativas desde la emocionalidad para sembrar rechazo hacia los migrantes.
Desde su punto de vista, el abordaje para defender la democracia debe ser integral y no depender únicamente de los tribunales. Es allí donde considera que el trabajo de artistas y pensadores es vital.
"El arte puede llegar a más lugares que los abogados, con tantas normas y convenciones. Tal vez (los artistas) convencen más. Es lo que necesitamos, que llegue al corazón de las personas, no solo a la racionalidad", reflexiona la jurista.
Pese a los obstáculos actuales, ambas mujeres coinciden en que la lucha por la justicia y la memoria requiere mantener viva la convicción de que un mundo distinto es posible.
"Si nosotros nos rendimos y bajamos los brazos, le damos todo, todo el espacio", concluye Paz y Paz.
Brenda Guadalupe Hernández
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