Bellingham, del ciclón a las ráfagas
Jude Bellingham pasó de ser un ciclón con Inglaterra a convertirse en un futbolista de ráfagas con el Real Madrid. El centrocampista inglés, desatado durante el último parón internacional, regresó a su club sin la misma contundencia para decidir partidos. Su talento no ha desaparecido, aunque va y viene de forma menos explosiva, mientras recupera progresivamente una influencia que el clásico contra el Barcelona pondrá a prueba.
El 3 de octubre, Bellingham fue capaz de jugar él solo contra Croacia. Inglaterra arrasó en Rijeka (0-7) y el madridista firmó un gol y tres asistencias. Estuvo en todas partes, pisó el acelerador cuando quiso y conectó constantemente con sus compañeros. Fue una exhibición de autoridad, talento y personalidad. Y la Croacia de Modric no era una selección cualquiera, ni mucho menos un equipo menor acostumbrado a encajar goleadas. Todo lo contrario.
Aquel partido coronó un parón internacional extraordinario, con un gol y cuatro asistencias en cuatro encuentros. Bellingham regresó a Madrid después de recordar al futbolista que deslumbró en su primera temporada vestido de blanco, aquel centrocampista que aparecía por sorpresa en el área y resolvía encuentros con una naturalidad impresionante.
Sin embargo, esa explosión en el combinado inglés no encontró una continuidad inmediata en el Real Madrid. Desde entonces, ha disputado cuatro partidos (Villarreal, Roma, Sevilla y Leipzig), en los que no ha marcado goles y ha firmado una sola asistencia. Es un balance discreto para alguien que acababa de participar directamente en cinco tantos con su selección.
Sería injusto afirmar que Bellingham ha dejado de jugar bien. Su rendimiento admite muchos más matices. Pero ha perdido parte de aquella sensación de omnipresencia y de resolución con los que hizo volar a sus compañeros de Inglaterra.
Frente al Villarreal, en su regreso a la competición, completó noventa minutos sin demasiada incidencia ofensiva. Dos remates, ninguna ocasión generada y una actuación alejada del vendaval que acababa de protagonizar con Inglaterra.
En Roma tampoco encontró el gol. Disputó el partido completo, remató tres veces y generó una oportunidad para sus compañeros. Participó más, aunque su presencia quedó diluida en un encuentro de alternativas, goles y sobresaltos que terminó con victoria madridista (3-4).
El contraste con Croacia era evidente. El futbolista que parecía estar en el origen de cada ataque inglés necesitaba recuperar su sitio en un Real Madrid con otros protagonistas y un reparto diferente de las responsabilidades ofensivas.
El regreso de la influencia
Sin embargo, los números también desmienten una caída prolongada. Bellingham no ha dejado de crecer desde su regreso. Después de no generar ninguna ocasión ante el Villarreal, creó una contra el Roma, dos frente al Sevilla y tres ante el Leipzig.
Esa progresión dibuja un escenario distinto al de una crisis. El medio del Real Madrid está recuperando peso en el juego, aunque todavía no haya reencontrado la facilidad para marcar que exhibió durante sus mejores actuaciones.
Contra el Sevilla firmó su única asistencia (a Mbappé) desde el parón y completó su encuentro más productivo de esta secuencia. Frente al Leipzig volvió a quedarse sin participación directa en los goles, pero generó tres ocasiones, remató dos veces y completó sus dos intentos de regate. Son detalles que pueden pasar inadvertidos cuando el protagonismo se lo repartieron otros jugadores, pero que revelan a un futbolista cada vez más presente en los últimos metros.
También influye su ubicación sobre el terreno de juego. Mourinho utiliza a Bellingham en una posición adelantada, cerca de los delanteros, donde su capacidad para aparecer desde segunda línea puede resultar decisiva. Pero esa función también lo aleja de determinadas fases de elaboración y hace que su presencia dependa de la llegada del balón a las zonas de peligro.
A veces parece desaparecer porque no interviene en la circulación. Otras irrumpe de repente, encuentra un espacio y transforma una jugada corriente en una ocasión. Es el precio de jugar más cerca del gol: menos continuidad en algunos tramos, pero mayor capacidad para resolver.
En su balance general del curso, Bellingham acumula tres goles y tres asistencias en nueve jornadas de Liga. Seis participaciones directas representan un rendimiento notable para un centrocampista y que impiden hablar de un curso decepcionante.
La cuestión no es cuánto talento conserva, sino con qué frecuencia consigue imponerlo. Inglaterra disfrutó durante el parón de un jugador desbordante, capaz de convertir casi cada aparición en una amenaza. El Real Madrid ha recuperado después una versión más irregular, aunque con síntomas evidentes de crecimiento.
El clásico del Camp Nou aparece como el escenario ideal para comprobar hasta dónde llega esa recuperación. Frente al Barcelona, Mourinho necesitará la energía, la llegada y la personalidad de un futbolista que puede alterar el rumbo de cualquier encuentro. Su desafío será recuperar la continuidad que convierte los destellos en dominio y las ráfagas en un vendaval.
Juan José Lahuerta
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