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Una «cremallera» bajo los Apeninos: el motor de los terremotos en Italia
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Una «cremallera» bajo los Apeninos: el motor de los terremotos en Italia

EFE (Internacional)
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Claudia Sacristán

Roma, 7 oct (EFE).- Los terremotos que sacuden la columna vertebral de Italia y la costa del Adriático no están causados por el choque frontal activo de las grandes placas tectónicas de África y Europa, sino por un proceso de "desabrochamiento" profundo de la corteza terrestre, una especie de "cremallera" a unos 30 kilómetros de profundidad.

Así lo plantea un nuevo estudio internacional publicado en la revista "Communications Earth & Environment", del grupo Nature, y liderado por el geólogo italiano Stefano Tavani.

A diferencia de lo que tradicionalmente se suele pensar sobre el origen de los terremotos -una colisión o fricción directa entre dos gigantescas placas continentales-, la sismicidad en la península itálica responde a una dinámica más compleja.

Lo que ocurre en realidad es un proceso llamado delaminación intralitosférica: la parte más profunda y densa de la placa adriática (la corteza inferior y el manto) se desprende progresivamente y se hunde.

Una "cremallera" a 30 kilómetros de profundidad

Para explicar este fenómeno, los científicos utilizan el término en inglés 'unzipping' ("desabrochamiento"), aunque Tavani aclara a EFE que el concepto no debe interpretarse de forma literal.

"No es una grieta horizontal por la que miras abajo y sube el magma. Es algo que pasa a mucha profundidad, a unos 30 o 40 kilómetros. Es como una cremallera, pero puesta en horizontal", señala a EFE el geólogo.

El científico subraya que el fenómeno no supone un peligro para la población, después de que la publicación del estudio haya generado algunas interpretaciones alarmistas en redes sociales.

Para construir su modelo, los investigadores combinaron catálogos históricos de sismicidad, cortes geológicos profundos y mediciones de alta precisión obtenidas mediante GPS e interferometría radar (InSAR).

Un "acordeón" sísmico

Una de las grandes aportaciones del nuevo modelo es que permite explicar por qué, en zonas relativamente próximas de los Apeninos, conviven terremotos asociados a movimientos tectónicos totalmente opuestos.

Al desabrocharse y perder el "soporte" de esa raíz profunda, la corteza superior responde de forma diferente a ambos lados del frente de separación, generando áreas donde se estira y áreas donde se comprime.

Al oeste del frente de "desabrochamiento", en el eje de los Apeninos, la corteza superior se eleva y se estira.

Este régimen de extensión es el responsable de los sismos más destructivos de la historia reciente de Italia, como el de L'Aquila en 2009 (magnitud 6,3, con 309 fallecidos) o el de Amatrice en 2016 (magnitud 6,0, que causó casi 300 muertos).

En cambio, hacia el este, en dirección al Adriático y la llanura del Po, la corteza se comprime y los bloques se empujan entre sí.

Se trata de un régimen de compresión asociado a terremotos de cabalgamiento, como la secuencia sísmica que sacudió la región de Emilia-Romaña en mayo de 2012 (con dos potentes sismos de magnitud 5,9 y 5,8 que dejaron 26 muertos y miles de desplazados).

La fase final de una zona de choque

Este "desabrochamiento" no representa el inicio de una ruptura, sino el desenlace de una paradoja geológica: mientras las grandes placas de África y Europa se aprietan en dirección norte-sur, los Apeninos sufren una deformación en dirección este-oeste.

"Estamos asistiendo a la fase final de vida de una zona de convergencia", afirma Tavani, que señala que "todo el sistema se está parando".

Según el investigador, este proceso terminará por completo dentro de varios millones de años, cuando la raíz profunda se haya desprendido totalmente y se hunda en el manto terrestre.

Aunque el hallazgo no permitirá predecir terremotos a corto plazo, Tavani destaca que identificar el mecanismo que impulsa actualmente la tectónica y la sismicidad de los Apeninos supone un paso importante para comprender cómo funcionan estos fenómenos.

"Soy muy optimista respecto a que algún día lograremos predecir los terremotos con cierta precisión, pero no va a ocurrir durante mi generación", concluye Tavani, que considera que este sigue siendo precisamente el gran desafío de la geología.

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