Asocian la contaminación atmosférica con una mayor actividad de la artritis reumatoide
Un estudio demuestra que la exposición a la contaminación atmosférica, especialmente a partículas finas como polvo, hollín y humo (PM2,5), se asocia con una mayor actividad de la artritis reumatoide y un mayor riesgo de brotes.
Detrás de la investigación hay científicos de distintos centros de Corea del Sur que publican sus hallazgos en Annals of the Rheumatic Diseases, la revista de EULAR, alianza europea de asociaciones de reumatología.
Según los autores, los resultados subrayan la importancia de que los profesionales sanitarios y los responsables políticos reconozcan el impacto de estos contaminantes en el manejo de la artritis reumatoide (AR).
Esta es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por inflamación y daño articular; además, puede presentar síntomas sistémicos generalizados que afectan a otras partes del cuerpo, más allá de las articulaciones.
Muchos factores contribuyen a su desarrollo, como la genética, las alteraciones del sistema inmunitario y la exposición a factores ambientales (el tabaquismo es una de las variables de riesgo bien establecidas).
El equipo de investigadores llevó a cabo en Corea del Sur un estudio para evaluar los efectos de la contaminación del aire en la actividad de la enfermedad (la severidad general de la patología que se cuantifica con diversas escalas clínicas) y la aparición de brotes (agravamiento significativo comparado con la visita médica anterior del paciente). El trabajo también explora los mecanismos subyacentes.
Se trata de un estudio de cohorte prospectivo (observacional) con un seguimiento de 1.070 pacientes a lo largo de 12.583 consultas ambulatorias durante cuatro años (2021-2024), detalla una nota de Elsevier, grupo editor de la revista.
La exposición a la contaminación atmosférica se estimó utilizando las concentraciones mensuales de seis contaminantes atmosféricos: dióxido de azufre; dióxido de nitrógeno; ozono; monóxido de carbono; partículas con un diámetro de 10 micras (PM10); y partículas con un diámetro de 2,5 micras (PM2,5).
Estas se correlacionaron con la actividad de la enfermedad y los brotes registrados longitudinalmente en cada consulta ambulatoria.
El análisis estadístico se ajustó según las características demográficas, el estado serológico (la presencia de anticuerpos específicos típicos de la AR en sangre), el uso de medicamentos, los factores socioeconómicos y las variables meteorológicas.
Entre los seis contaminantes, las PM2,5 se asociaron significativamente con un mayor riesgo.
Según Eun Bong Lee, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Seúl, una mayor concentración de estas partículas se asoció con una mayor actividad de la enfermedad y un mayor riesgo de brotes, especialmente tras una exposición prolongada a niveles elevados durante más de dos semanas.
Estas partículas en suspensión provienen de varias fuentes, como las emisiones de los vehículos, las centrales eléctricas, los procesos industriales o el polvo de la construcción. Pueden permanecer en el aire durante mucho tiempo y desplazarse a gran distancia del lugar donde se produjeron.
Debido a que son más pequeñas que los glóbulos rojos, pueden viajar fácilmente desde los pulmones al torrente sanguíneo, circulando hacia órganos distantes. Allí pueden desencadenar la sobreproducción de moléculas dañinas llamadas especies reactivas de oxígeno, induciendo estrés celular, dañando el ADN y provocando respuestas inflamatorias en los órganos.
Para Lee, el trabajo tiene importantes implicaciones en la formulación de políticas de salud pública.
"Si bien se justifican estudios adicionales para determinar si la mejora de la calidad del aire puede reducir la actividad de la enfermedad, recomendamos que estos pacientes eviten la exposición prolongada a una mala calidad del mismo, en particular a altos niveles de PM2,5", señala.
Estas observaciones se refieren a población coreana, con una base genética específica. Lee dice a EFE: "Considerando varios estudios previos de menor escala que muestran la relación entre la contaminación del aire y la actividad de la enfermedad, creo que estos hallazgos también se podrían extrapolar a otras poblaciones. Sin embargo, se necesitan más estudios que incluyan a otros grupos étnicos".
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