El PPD llenó una asamblea, ahora le toca llenar el vacío
El Partido Popular Democrático (PPD) logró ayer algo que muchos dudaban que todavía pudiera hacer, convocar a cientos y cientos de populares, llenar un recinto de entusiasmo y recordarles a sus adversarios que la Pava, aunque maltrecha después de las pasadas elecciones, no está muerta.
Pero hay una diferencia enorme entre demostrar que un partido tiene gente y demostrar que esa gente puede volver a convertirlo en una alternativa de gobierno. Y ahí comienza la verdadera prueba de Pablo José Hernández Rivera.
La asamblea celebrada en Ponce tuvo méritos que sería mezquino minimizar. Más de 7,000 populares participaron en un proceso electoral interno abierto, escogieron nuevos integrantes de su Junta de Gobierno y escucharon a un presidente que, a diferencia de otros líderes de su colectividad, parece haber entendido que el PPD no puede seguir viviendo de la nostalgia, aunque en numerosas ocasiones se acudió a ellos, a las figuras históricas como Muñoz, a doña Felisa Rincón de Gautier, y cómo no, al abuelo del presidente, al fenecido Rafael Hernández Colón.
La nostalgia puede llenar una actividad. Difícilmente puede ganar unas elecciones.
Pablo José habló de refundación, de una nueva filosofía, de justicia social, de responsabilidad fiscal, de autonomía y de devolverle al ser humano el lugar central en las decisiones políticas. También habló de algo que los populares han hecho su meta, que es la necesidad de cambiar. Y en eso tienen razón y no lo digo por gobernantes del PNP. Lo digo porque el PPD lleva años perdiendo terreno electoral, identidad política y capacidad para entusiasmar a generaciones que no crecieron bajo la sombra de Luis Muñoz Marín ni sienten obligación sentimental alguna con la insignia de la Pava.
Para esos electores, el pasado glorioso del partido es, precisamente, pasado. Sin embargo, ayer hubo algo que me pareció particularmente revelador.
Los populares eligieron para encabezar su nueva Junta de Gobierno a Juan Carlos “Tato” García Padilla y Julia Nazario, dos alcaldes que representan, desde realidades municipales muy distintas, una de las pocas fortalezas que el partido ha logrado conservar y es la capacidad de conectar directamente con las comunidades.
Quizás ahí exista una lección que la dirigencia debería estudiar con más detenimiento. Mientras algunos dirigentes se desgastan discutiendo el significado del Estado Libre Asociado, la gente continúa preguntándose por qué no tiene agua, por qué se le va la luz, por qué sus hijos se marchan y por qué trabajar tanto apenas alcanza para vivir.
Pablo José intentó colocar ayer las necesidades cotidianas por encima de las interminables discusiones que han consumido buena parte de la energía política de su colectividad.
Pero cuidado con el mensaje. Sería demasiado conveniente exigirle cuentas al gobierno de Jenniffer González sin hacer un ejercicio igualmente riguroso de memoria propia, incluso de los propios escándalos que le han mantenido por años fuera del poder.
La administración de González atraviesa controversias que han colocado bajo escrutinio decisiones, contratos y actuaciones de funcionarios. Pablo José dedicó una parte importante de su mensaje a convertir ese desgaste gubernamental en un argumento para el cambio. Es una estrategia comprensible e inevitable.
Pero si el PPD aspira a recuperar la gobernación solamente porque el Partido Nuevo Progresista tropieza, estará repitiendo exactamente la fórmula que su presidente dice querer superar, que es ganar por ser los menos malos. Puerto Rico merece algo bastante mejor que una competencia para determinar quién decepciona menos.
También hay otro asunto que no debería perderse entre las banderas rojas y los aplausos. El país político de 2026 no es el de hace veinte años y no será el mismo en 2028.
La alianza electoral entre el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana demostró que existe un electorado dispuesto a desafiar las estructuras tradicionales. Esa realidad no desaparece porque el PPD consiga una buena convocatoria ni porque el PNP enfrente dificultades.
Los electores que abandonaron las filas populares no necesariamente están esperando una invitación para regresar y algunos encontraron otras alternativas. Otros simplemente dejaron de creer. Recuperarlos requerirá mucho más que una nueva filosofía escrita con buenas intenciones.
Aquí llego al asunto que, a mi juicio, será determinante. Pablo José Hernández tiene una ventaja y una carga. Su ventaja es que puede presentarse como una figura generacionalmente distinta- aunque no todos o ven joven, joven-, con capacidad para hablarle a sectores que no necesariamente se identifican con el liderato tradicional popular. Su carga es que heredó un partido con historia pesada y la pregunta es si tendrá la fuerza política para transformar esa estructura cuando la transformación incomode a quienes todavía conservan poder dentro de ella.
Porque renovar un partido sin incomodar a nadie suele significar que, en realidad, no se ha renovado demasiado. Ayer, Pablo José ganó una batalla importante con la convocatoria, la organización y la percepción de que el PPD todavía tiene pulso. No es logro menor, pero tampoco es suficiente.
El 2028 está mucho más cerca de lo que parece.
Dennise Pérez es una periodista y comunicadora con 30 años de experiencia. Ha sido reportera, estratega, Editora en Jefe y ejecutiva de medios. Su trayectoria incluye cobertura local, con fuerza en el área política y gubernamental, pero también internacional incluyendo conflictos en Venezuela y en el Medio Oriente. Actualmente es, además, Directora de Contenido y host en Jugando Pelota Dura de Teleonce, así como en Primer Round de Magic 97.3fm.
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